La ley del embudo

Me extraña, sin embargo, esta noticia. Yo pensaba que Zaplana era un paladín de la libertad de expresión.
Lo dicho: la ley del embudo.

Pues sí. El alcalde de Salamanca ha decidido cambiar el nombre de la calle Gibraltar de la castellana ciudad por "Calle del Expolio". Y yo, de acuerdo con él. Y es que recordemos que esos papeles que por fortuna han vuelto a su tierra y que antes se hallaban en la futura Calle del Expolio provenían del expolio de Catalunya. En el diccionario "expolio" viene como "despojar con violencia o iniquidad" ¿Qué mayor violencia que la del ganador de una guerra frente al vencido? ¿Qué mayor iniquidad que el uso represivo que se le dio a la información que contenían?
Un momento.
¿Qué?
Disculpen, es mi compañero de celda, que me está diciendo algo…
Sí, sí, dí… ¿Qué…? ¿Cómo…? ¿Por el expolio de quién a quién…? ¿¡Catalunya a Salamanca…!?
Tut tut tut tut
(post interrumpido por el autor)
Es un principio básico de la democracia que los militares no desafíen públicamente la legitimidad del gobierno electo o hablen de enviar tropas a la capital para anular las decisiones del Parlamento. Esto es lo que ha ocurrido dos veces en este mes en España, un país cuya historia del siglo XX obliga a tomarse estas amenazas en serio, incluso cuando las probabilidades de que las palabras insubordinadas lleven a actos insubordinados parecen bastante remotas.
La respuesta del gobierno de centro-izquierda del Primer Ministro José Luis Rodríguez Zapatero ha sido apropiadamente firme, incluyendo la destitución y arresto de uno de los culpables, un veterano general del ejército. Desgraciadamente, el Partido Popular, de centro-derecha y principal grupo de la oposición, parece más interesado en excusar a los militares que en defender el orden democrático en el que tiene un interés vital.
El rápido y tranquilo tránsito a la democracia moderna tras la muerte de Francisco Franco en 1975 facilita el olvido de la guerra civil y la brutal dictadura a la que precedió. Aquellas pesadillas empezaron cuando militares de derechas se rebelaron contra un gobierno electo de izquierdas que ellos consideraron ilegítimo y demasiado amable con los separatistas regionales.
La sociedad española, los políticos españoles y, principalmente los militares españoles han recorrido un largo camino desde aquella era, moderando sus puntos de vista y profundizando en su determinación ante el toma y daca democrático. Pero al Partido Popular le ha costado superar su derrota electoral hace casi dos años, días después de los atentados terroristas en los trenes de cercanías de Madrid. Nunca ha aceptado realmente la legitimidad democrática de aquellas elecciones. Ya es hora que el Partido Popular avance. La democracia española necesita y merece el apoyo enérgico de los dos partidos.