jueves, enero 12, 2006

La ley antihumos.

Valga decir que estoy completamente de acuerdo con la ley antihumos, me parece razonable que los fumadores fumen allá donde esté permitido, sin estar permitido allí donde los fumadores deseen fumar. Me parece razonable que se salvaguarde la salud del no-fumador.

Sin embargo, me parece que se exagera. Hoy en día da la impresión que el fumador es una especie de terrorista sanitario que, no contento con matarse a sí mismo, atenta contra la salud de los demás... me parece hipócrita.

Me parece hipócrita que la ley salvaguarde al no-fumador cuando el principal afectado por el tabaco es, obviamente, el fumador. Me parece hipócrita que el estado tire la piedra y esconda la mano. Que el estado prohiba y discrimine a la vez que carga el tabaco con impuestos, que presuntamente pagan parte de los gastos que ocasiona el hábito de fumar. Esta actitud, aparte de profundamente hipócrita, es propia de la usura. ¿Se cobra, entonces, una especie de "seguro para fumadores"? Me parece hipócrita que se suban los impuestos, se apruebe la ley y no se haga ningún esfuerzo por atender al colectivo fumador y ayudar -a aquellos que lo deseen, claro- a superar su adicción.

En muchos sentidos se puede considerar a gran parte de los fumadores como enfermos, y no quiero ofender a nadie. Si a un fumador se le pregunta si desea dejar de fumar muchos dirán que sí, pero muchos otros dirán que no. Pero muchos de estos últimos realmente lo desean, aunque no lo admitan. Dejar de fumar es algo difícil. Si asumimos, pues, un modelo de fumador que realmente quiere dejar de fumar pero no puede, entonces tenemos a un enfermo. Alguien a quien el estado debería ayudar.

Lo que más hipócrita me parece es esta consideración del fumador como una especie de malvado. Es cierto que el humo del tabaco causa daños al fumador pasivo, pero... ¡es que hay tantas cosas en esta vida causan daño al vecino sin que se prohiba o al menos se regule!

Recurro a la sátira. Miren ustedes: yo soy un conductor pasivo. No tengo coche. No viajo en coche. No suelo ser llevado en coche por ningún amigo o conocido. Utilizo el transporte público, es más, suelo utilizar el nuevo TramBaix que tenemos en Barcelona, más ecológico aún si cabe (aunque es contaminante al fin, lo es menos que un coche). Sin embargo, cada día cuando salgo a la calle respiro el humo de los conductores, como conductor pasivo. Y les aseguro que en la zona de Barcelona donde yo vivo la contaminación se corta con cuchillo (alguna vez he visto a alguien pasando por cierta avenida central sobrepolucionada de Barcelona con un pañuelo en la nariz, y con motivo, créanme).

Y dirán: es que el coche al menos sirve para algo, el tabaco es un vicio inútil. ¿Realmente el coche es la única opción? Para el que trabaje en la carretera, pase. Para el comercial, representante, mensajero o taxista, sea. Pero... ¿no hay mucha gente que coge el coche por puro vicio? No me lo negarán. Hoy en día la red de transporte público, al menos en las grandes ciudades, cubriría las necesidades de gran parte de conductores que, sin embargo, escogen el coche propio por comodidad... no hacer colas, no esperar bajo la lluvia, no viajar de pie, no depender de horarios... y de paso introducir humo tóxico, polucionante, venenoso, cancerígeno y repulsivo en los pulmones de los no-conductores pero conductores pasivos como yo. Por suerte para mí lo único que no padecen mis pulmones es el efecto invernadero. Pero, el planeta...

Cuando el fumador enciende su primer pitillo de la mañana y alivia así su mono, quema unos miligramos de tabaco y los introduce en sus pulmones y en la atmósfera en forma de CO2 y vapor de agua acompañados de cientos de otros productos de la peor talla. Cuando el conductor gira la llave del contacto de su coche, ya ha quemado una masa de combustible cientos de veces superior a la irrisoria masa de un cigarrillo. Ántes de salir del párquing lleva ya superada la masa del paquete/paquete y medio que el fumador consumirá por media durante el día. Y sí, el conductor lo hace al aire libre... pero la atmósfera no es un extractor, y como prueba la contaminación palpable y visible de las grandes urbes. Sin embargo la sociedad no pone tanto énfasis en este ruin vicio que poseen algunos ciudadanos.

Desde aquí y ahora, pues, pido una ley que proteja de los malos y más abundantes humos de los coches a los conductores pasivos y a la ciudadanía en general. Y que se respete. Que se regule quién realmente necesita el coche y quién lo utiliza por vicio.

Espero que se entienda la sátira, pero es que a veces le pedimos al vecino más de lo que estamos dispuestos a dar...