domingo, enero 08, 2006

El Guardia de Seguridad

“Estaba yo en mi facultad y me enteré de la noticia: el consejo de facultad había decidido invertir una porción significante de la nueva partida presupuestaria en becas para los estudiantes de doctorado. Sin embargo, el jefe de los guardias de seguridad de la facultad había dicho que esto iba en contra del reglamento de la facultad y que tendrían que intervenir para solucionarlo…”

Se dan cuenta. Les acabo de plantear una escena ridícula y grotesca… pero seguro que les suena a algo… sí, sí, repasen las noticias.

Al guardia de seguridad de una facultad (o de cualquier otro lado) le pagan para ejercer de guardia de seguridad. Y punto. Obviamente, no es alguien cuya opinión se haya de tener en cuenta para nada… si no es por los medios que dispone para ello, es decir, su representación en los órganos de gobierno de la facultad. La pregunta entonces es: ¿por qué demonios se piensan el general Mena Aguado y el coronel Conde Monge que tienen que opinar?

Miren, yo siempre me he considerado pacifista, y he visto al ejército como algo que no debiera existir, aunque, dependiendo de las presiones, me he visto obligado a tolerarlo. Pero estamos en un mal país para ello. Recordemos que no hace 40 años estábamos gobernados por un militar (lo que equivaldría a que un guardia de seguridad de la facultad tomase el decanato por las armas) ¿Cuál es la debilidad de esta comparación? ¿Qué es lo que hace que una de las partes de la comparación sea grotesca y la otra no sea solo verosímil, sino sangrientamente real? La verdad, no lo sé… pero supongo que es la fuerza.

Esto, la fuerza, es lo que poseen los militares (y los guardias de seguridad), y les caracteriza. Díganme ustedes si lo entienden, pero yo no. ¿Qué diablos le hace pensar a un militar que el hallarse en posesión de la fuerza le da capacidad para decidir vetar por él mismo lo que los representantes del resto del pueblo han acordado? Estamos en el siglo XXI, recuerdo.

Yo ahora puedo decir “si no se aprueba el Estatut lloro y pataleo” y no le importaría a nadie. En primer lugar, porque no soy más que 1/44.000.000 de la población española y 1/7.000.000 de la catalana. En segundo lugar porque por mucho que llore y patalee no voy a asustar a nadie. Por que no poseo esa fuerza, claro.

¿Se cree el general Mena Aguado más que un 1/44.000.000 de la población española? ¿O sencillamente es que es un abusón, como lo fueron otros, que cree poseer la fuerza necesaria para sobreponerse a la democracia? Si este segundo caso es cierto, pues bien, toda la sociedad se ha de unir para hacer desaparecer a esta gente, pues ya ha dejado de protegernos para pasar a ser alguien de quien nos debemos proteger. Basta de militarismo. Basta de fuerza bruta. Basta de mentalidad de hace dos siglos. Un general no es nadie, nadie distinto a un obrero. El ejército no es nadie.